Breve reseña histórica peruana
La presencia organizada del hombre en lo que hoy es el territorio peruano, data de 17.500 a.C., en los Andes peruanos (Paccaicasa, cueva de Piquimachay, Ayacucho), bastante tiempo después de que los primeros humanos, recolectores y cazadores inferiores procedentes del Asia, cruzaran el Estrecho de Bering). Los primeros indicios de sedentarismo se dan en la costa peruana con el hombre de Santo Domingo de Paracas (Región Ica) que en esos tiempos ya era cazador y recolector selectivo e inicia el período del sedentarismo en el mundo andino con la construcción de un pequeño número de rústicas viviendas, iniciando además su lento pero inexorable camino hacia la civilización.La civilización de Caral fue coetánea de otras como las de China, Egipto, India y Mesopotamia; habiéndose convertido ya en aquella época en una ciudad estado, rodeada por otras civilizaciones enmarcadas aún en lo que se denomina "sociedad aldeana". Así, se trata de una de las zonas geográficas que pueden considerarse como cuna de la civilización del mundo por su antiguedad (al menos 5.000 años). Igualmente se han encontrado vestigios de poblaciones en la región La Libertad de hace doce mil años y en la Región Tacna de hace once mil. Perú es un país de culturas milenarias conformadas principalmente por las culturas Caral, Chavín, Chimú, Lima, Mochica, Nazca, Paracas, Vicus, Virú, Wari, Tiahuanaco, Inca y otras más. El Imperio inca se terminó de formar después (alrededor del siglo XIV), abarcando una superficie compuesta hoy por territorios o parte de territorios en países de América del Sur como Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Su capital fue el Cusco, ubicada en la sierra peruana. Los españoles, encabezados por Francisco Pizarro, conquistaron este imperio y establecieron el Virreinato del Perú para su corona que, en el momento de su máximo apogeo, abarcó desde lo que hoy es Panamá hasta el extremo sur del continente. Este virreinato fue el más importante en América ya que tenía abundancia de oro y plata, los metales más apreciados en esa época por los conquistadores. La independencia fue declarada por el movimiento dirigido por el General José de San Martín en 1821, y consolidada por Simón Bolívar en 1824. Se libraron dos importantes batallas donde peruanos, colombianos, bolivianos, argentinos y chilenos lucharon por su independencia; las batallas fueron la Batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824 y la Batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, donde fue derrotado el ejército realista de España. A partir del año 1821, el Perú inició su turbulenta vida republicana, caracterizada en sus primeros 60 años, por los constantes enfrentamientos de caudillos que se sucedían en la Presidencia del país. Entre 1836 y 1939 se conforma la Confederación Peruano-Boliviana, disuelta luego de un conflicto armado con Chile y Argentina. Esta etapa duró hasta la derrota en la Guerra del Pacífico y tuvo como momento de mayor esplendor los gobiernos del Mariscal Ramón Castilla y la efímera bonanza que se logró mediante la exportación del guano de las islas del litoral durante el gobierno de José Balta. A fines del siglo XIX el Perú se vió envuelto en la Guerra del Pacífico contra Chile junto con Bolivia, por el tratado de defensa mutua de 1873 que lo unía con el Estado boliviano. Luego de la Guerra del Pacífico, se inició un período de "reconstrucción nacional" que fue de una relativa calma y que terminó luego del gobierno de Augusto B. Leguía. La época contemporánea tuvo como protagonistas principales los golpes de estado y una galopante inestabilidad económica que llevó al país a una crisis social y económica durante la década de 80. A partir de los años 90 se inició la lenta recuperación económica y a partir del nuevo milenio el Perú se reencontró con la democracia. El más reciente capítulo de su historia se abrió el 8 de diciembre de 2004 con el nacimiento de la Comunidad Sudamericana de Naciones, de la cual es anfitrión. Historia de Perú
Las evidencias del establecimiento de colonias humanas en Perú se remontan a miles de años, pero, exceptuando algunas ruinas dispersas, poco se sabe de esos antiguos pobladores. Hacia el 1250 a.C. diversos grupos que procedían del norte se establecieron en regiones como Chavín, Chimú, Nazca y Tiahuanaco.
El Imperio Inca Los incas, llamados también ‘hijos del sol’, eran originalmente una sociedad guerrera que vivía al suroeste de la región de La Sierra. Del 1100 al 1300 d.C. se trasladaron hacia el fértil valle del Cuzco, al norte, desde donde fueron invadiendo las tierras vecinas. Hacia el año 1500 habían creado un Imperio que incorporaba a la mayoría de las culturas de la zona y cuyos límites abarcaban desde el sur de la actual Colombia hasta el centro de lo que hoy es Chile, además de Bolivia y el norte de Argentina; el límite oriental llegaba hasta el océano Pacífico. Este vasto Imperio se constituyó siguiendo un modelo teocrático de gobierno en el que los emperadores incas formaban la cúspide del sistema y eran considerados divinidades. Los incas impusieron su estilo de vida a los pueblos que conquistaron y a comienzos del siglo XVI, antes de la llegada de los españoles, la mayor parte de la zona andina estaba bajo su dominio.
El dominio español En 1528 el conquistador español Francisco Pizarro realizó una expedición hasta el río Santa, en Perú, reparando en la riqueza del Imperio; posteriormente regresó a España para obtener dinero y reclutar hombres para la conquista. En 1569 llegó a Perú el virrey Francisco de Toledo; durante los siguientes catorce años impuso un sistema de gobierno estable y altamente efectivo, aunque bastante represivo. El método administrativo de Toledo consistió en dar prioridad a los funcionarios oficiales en los asuntos de gobierno, permitiendo que algunos indígenas ocuparan cargos intermedios y rigieran la actividad del resto de la población nativa. El sistema duraría casi doscientos años.
La independencia En 1780 se produjo una sublevación de 60.000 indígenas contra el poder español, acaudillada por José Gabriel Condorcanqui, cacique que había adoptado el nombre de uno de sus antepasados incas, Túpac Amaru. Aunque al comienzo cosechó algunas victorias, el levantamiento fue finalmente aplastado en 1781 y Túpac ejecutado. A pesar de que otra sublevación similar fue sofocada en 1814, la oposición al poder imperial español crecía imparablemente en toda América del Sur. La oposición era dirigida principalmente por los criollos, descendientes de españoles nacidos en América, resentidos por no poder participar en los asuntos de gobierno. Sin embargo, la fuerza que liberaría a Perú del dominio español llegaría del exterior. En septiembre de 1820 el general José de San Martín, que había derrotado a las fuerzas españolas en Chile, desembarcó con su ejército en el puerto peruano de Pisco; en julio de 1821 el ejército de San Martín entró en Lima, que había sido abandonada por las tropas españolas. La independencia del Perú se proclamó el 28 de julio de 1821. La lucha contra los españoles sería continuada después por el libertador venezolano Simón Bolívar, que entró en Perú con su ejército en 1822. La fase final de la emancipación americana se inició con la batalla de Junín, que se libró el 6 de agosto de 1824, y se selló definitivamente con la derrota de las fuerzas españolas en la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre del mismo año.
Inestabilidad política Los años siguientes fueron terriblemente caóticos. A Bolívar, que había abandonado el país para crear la Gran Colombia, le sucedieron en el poder sus oficiales, los llamados ‘mariscales de Ayacucho’. Andrés Santa Cruz gobernó entre 1826 y 1827 en calidad de presidente del Consejo de Estado peruano, toda vez que se había producido el alejamiento de Bolívar, y fue reemplazado por José de la Mar, que a su vez sería sustituido por Agustín Gamarra en 1829, quien gobernó hasta 1833. Entretanto, Santa Cruz se había convertido en presidente de Bolivia y en 1836 invadió Perú, estableciendo una confederación entre los dos países que duraría tres años, tras los cuales Gamarra tomó el poder de nuevo (véase Confederación Perú-boliviana). No obstante, el país no disfrutaría de la paz hasta 1845, año en que el general Ramón Castilla, veterano también de Ayacucho, tomó posesión de la presidencia. Castilla fue un hábil gobernante que en los dos periodos de su mandato inició numerosas e importantes reformas, como la abolición de la esclavitud, la construcción de vías férreas y de instalaciones telegráficas, así como la adopción en 1860 de una Constitución liberal. Castilla también inició la explotación de las riquezas del país, como el guano y los yacimientos de nitrato. En 1864 estos yacimientos desencadenarían la primera guerra del Pacífico (1864-1866) entre Perú y España, país que se había apoderado de las ricas islas guaneras de Chincha. Ecuador, Bolivia y Chile acudieron en ayuda de Perú, derrotando a las fuerzas españolas en 1866. El tratado que se firmó en 1879 constituyó el primer documento de reconocimiento por parte de España de la soberanía peruana. Perú sufrió una gran derrota ante Chile en la segunda guerra del Pacífico (1879-1883), perdiendo ricos territorios en el sur. La guerra agotó las reservas financieras peruanas y creó una situación de tensión que ha prevalecido hasta hoy entre ambas naciones. En los siguientes veinticinco años Perú estuvo gobernado por sucesivos dictadores, entre los que cabe mencionar a Andrés Avelino Cáceres, Remigio Morales Bermúdez, Eduardo López de Romaña; Manuel Candamo y a Serapio Calderón.
Fundación del APRA En 1908 el presidente Augusto Bernardino Leguía aplicó un programa de reformas económicas; después del primer periodo de su mandato (1908-1912), viajó a Gran Bretaña y Estados Unidos donde, además de relacionarse con los círculos empresariales de ambos países, adquirió conocimientos financieros que luego aplicaría en su país. Leguía recuperó la presidencia de la República en 1919 con el apoyo de un golpe militar, lo que le permitió gobernar en la práctica de forma dictatorial. Durante su segundo mandato, un grupo de intelectuales exiliados en México fundaron en 1924 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), cuyo principal representante fue, durante más de cuarenta años, Víctor Raúl Haya de la Torre. Los postulados ideológicos de la APRA, que exigía reformas profundas en todos los sectores, pero sobre todo de las condiciones de vida de los indígenas, llevaron a Leguía a ilegalizar esta formación, aunque no pudo impedir que se convirtiera en el partido político más influyente de Perú. Antes de finalizar su mandato, Leguía firmó el Tratado de 1928 que zanjaba la vieja disputa de Tacna y Arica con Chile. El 9 de abril de 1933 entró en vigor una nueva Constitución. Meses después fue asesinado el presidente Luis Sánchez Cerro, que había sucedido en el gobierno a Leguía. El nuevo presidente, el general Óscar Benavides, prosiguió con el nuevo modelo de política autoritaria combinada con apreciables avances en el sector económico. En cambio, Manuel Prado y Ugarteche, sucesor de Benavides en 1939, se vio obligado a hacer concesiones a los poderosos sentimientos de reforma fomentados por la APRA.
La II Guerra Mundial Durante la II Guerra Mundial Perú proporcionó un limitado apoyo a la causa aliada. Había roto relaciones con el Eje en 1942, pero no declaró la guerra a Alemania y Japón hasta febrero de 1945 para ser admitido como miembro fundador de la Organización de las Naciones Unidas. En 1945 la APRA y una coalición de partidos liberales y de izquierda, eligieron presidente a José Luis Bustamante y Rivero, quien inició una serie de reformas liberales gracias a las cuales se consolidaron los derechos civiles y la libertad de prensa; además, una enmienda constitucional abolió las atribuciones dictatoriales que tenía el presidente. Pero el gobierno de Bustamante fue derribado en 1948 por un golpe de Estado organizado por la derecha, que tomó el poder e ilegalizó de nuevo al APRA. En 1950 Manuel Arturo Odría, general que había dirigido el golpe de Estado de 1948, convocó elecciones y fue elegido presidente de la República, pero sin la presencia en los comicios de los principales partidos de la oposición. El gobierno de Odría fortaleció el Ejército, inició una serie de obras públicas y firmó acuerdos de colaboración económica y cultural con Brasil. Al igual que Chile y Ecuador, Perú extendió la soberanía territorial sobre sus aguas marítimas hasta las 200 millas, medida que provocó fuertes protestas por parte de Estados Unidos, cuyos barcos pesqueros faenaban en aquellas zonas.
El periodo liberal En las elecciones de 1956 el político Manuel Prado volvió a ser elegido presidente. Inmediatamente puso en práctica amplias reformas que fueron respondidas con huelgas y revueltas callejeras ocasionadas por la inestabilidad económica y la galopante inflación. En 1959 el gobierno introdujo un programa que restringía la salida de divisas y estimulaba la industria nacional con varias medidas, como ayudas a la importación de bienes de equipo. A mediados de 1960, la economía había mejorado notablemente, ya que el capital externo entró en el país en forma de préstamos y contratos de desarrollo. En octubre del mismo año el gobierno logró que se aprobara su política de nacionalización gradual de las más importantes instalaciones petrolíferas. En las elecciones de 1962 ninguno de los candidatos alcanzó el tercio necesario de los votos para alzarse con la victoria. Una junta militar se hizo con el poder y su dirigente, el general Ricardo Pío Pérez Godoy, fue nombrado presidente; fue depuesto por la misma junta en marzo de 1963. Tres meses más tarde se celebraron nuevas elecciones y Fernando Belaúnde Terry fue elegido presidente. En la segunda mitad de su mandato se incrementó la oposición política y el aumento de la inflación trajo como consecuencia la devaluación de la moneda en 1967.
El gobierno militar El largo litigio sobre la concesión de la explotación de los ricos yacimientos petrolíferos de La Brea y Pariñas a la International Petroleum Company (IPC), subsidiaria de la American Standard Oil Company, fue resuelto finalmente por el gobierno de Belaúnde en agosto de 1968. Sin embargo, la desaprobación general a la firma de este acuerdo obligó al gabinete a dimitir el 1 de octubre y dos días después Belaúnde era depuesto por un golpe militar. Los derechos constitucionales fueron suspendidos y se constituyó la Junta Militar Revolucionaria encabezada por el general Juan Velasco Alvarado, que fue nombrado presidente. Su gobierno expropió las instalaciones de la IPC, creando una fuerte tensión diplomática en las relaciones con Estados Unidos. Las relaciones se deterioraron aún más en febrero de 1969, cuando una cañonera peruana apresó a dos barcos pesqueros estadounidenses por faenar en aguas consideradas jurisdiccionales. En la década de 1970 el gobierno de Velasco inició radicales reformas del sistema social y económico; las más importantes fueron la expropiación de los complejos agroindustriales de capital extranjero y las grandes haciendas latifundistas, la imposición del control de precios de los productos de consumo básico y del sector servicios, así como una amplia reforma agraria; en 1973 fue nacionalizada la industria de transformación de la anchoveta, que había sufrido un serio descenso en 1972 por una alteración en las corrientes oceánicas; el presupuesto previsto para 1973-1974 se incrementó un 35% para mejorar y diversificar la industria privada. En junio de 1973, el Banco Mundial concedió al país un crédito de 470 millones de dólares y el Banco Interamericano de Desarrollo le prestó otros 30 millones de dólares.
Retorno a la democracia El 9 de agosto de 1975 el gobierno fue derribado por otro golpe militar, precedido por una serie de huelgas y manifestaciones de descontento popular contra el enfermo presidente Velasco. Al día siguiente juraba como presidente el general Francisco Morales Bermúdez, primer ministro y ministro de la Guerra en el gabinete de Velasco. El nuevo gobierno anunció que el país retornaría a la democracia en 1980; en las elecciones celebradas ese año, Belaúnde Terry fue el vencedor y formó gobierno en el mes de julio bajo una nueva Constitución. Durante los cinco años siguientes el índice per cápita se vino abajo, creció la deuda externa y aumentaron los enfrentamientos entre la guerrilla y las fuerzas de la contrainsurgencia gubernamental. En 1985 las elecciones presidenciales dieron la victoria al candidato del APRA Alan García Pérez, que fue incapaz de detener la rápida caída de la economía del país.
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